Los médicos estéticos UT, no solo cuentan formación científica, sino que son profesionales con criterio, entrenamiento práctico, que aprovecha todos los recursos educativos en todas las áreas de formación, desde las básicas, complementarias hasta las aplicativas.
Desde el inicio de la actividad docente en medicina estética, el enfoque del aprendizaje en "Hacer" se transformó cuando muchos de los tratamientos estéticos se consolidaron como tratamientos médico estéticos. La importancia de "saber hacer" a partir del "saber" para "saber ser", fue la triangulación perfecta para entender lo importante de incorporar el conocimiento científico propio de la medicina. Con esto, no solo fue el reto para quienes impartían el conocimiento, sino también para quienes comercializaban productos y debían brindar credibilidad.
Los avances científicos, la experiencia permitieron obtener información que en principio era escasa por la novedad de la disciplina. Con el tiempo la información inundó a la medicina estética, colocándola en muchos ocasiones a prueba por su falta de seguimiento, investigación, seriedad. Fue el momento donde el rigor del conocimiento crítico, las capacitaciones con bases científicas, permitieron establecer la diferencia.
El reto de hoy es ofrecer una capacitación que entienda las necesidades pedagógicas del profesional, entender los enfoques diferentes a pesar de las bases médicas previamente adquiridas; el reto es darle un enfoque real de lo que se necesita, de lo que se aprende, de como se aprende y su objetivo. Es por ello que los programas de formación deben de tener el ensamblaje ideal del conocimiento.